
Hace un año, mi viejito se fue al cielo.
12 horas antes de que se fuera, me pude despedir de él. En su cama de hospital, me miró y me dijo: "M'ijo, ya me voy" y yo le contesté: "Si abuelito, ya vete, para que ya puedas descansar". A las 5 de la mañana de un día como hoy, cerró sus ojitos Rafa.
Me cuentan que mi abuelito llegó, tocó las puertas del cielo y San Pedro le dio la bienvenida: Bienvenido, Doctor López Espada.
Me cuentan que todos los dias, mi abuelito se levanta a las 7:00, se baña, se afeita, se pone su loción Eanglish Leather y se pone su traje, de corte clásico, de dos piezas.
Sale a caminar, como solía hacerlo, pasa a comprar su periódico, regresa y se sienta en el comedor a leerlo. Cuando desayuna, toma fruta, pan tostado con mantequilla y mermelada de fresa, un par de huevos revueltos con jamón, dos tortillas, poco picante, un café americano.
Termina de desayunar, se asea y se va, como todo buen médico, al hospital del cielo. Visita a sus pacientes, los conforta, los saluda, los checa, los cobija, como hizo en vida.
Al mediodía se va a la Casa de la Cultura de alla del cielo a jugar ajedrez con sus cuates, a ver exposiciones de pintura, a pintar sus cuadros.
Regresa a sus aposentos a las 2 en punto. A la hora de la comida, su sopa caliente, su sopa seca, su guisado: un buen molito o unos huazontles, frijolitos, su postre, agua de sabor. No toma refresco, no le gusta.
Si acaso se toma un buen cognac, y mientas se lo sirven, recita de memoria: "Nunca las dejes llenas, y nunca las dejes vacìas, llenalas cuando estàn vacias y vacìalas cuando esten llenas".
A media tarde, se sienta sienta en su sillón, se carcajea hasta la lágrima con Cantinflas, no tiene la necesidad de encender el televisor, ya lo tiene enfrente. Mira con ánimo un partidito de futbol, le echa sus bendiciones al Puebla de sus amores. A las 8, toma su café, un pan de dulce o un antojito.
Termina y se sube a dormir.
Ah, se me olvidaba. Al despertarse y antes de acostarse, junto con mi primo Arturo, se asoma entre las nubes y me mira, y mira a mis hijos, y mira a mi esposa, y mira a mi madre, a mis hermanos, a mi sobrino Miguel, a mis tías, a mis primos y a mi abuela y a todos nos da su bendición.
Y desde arriba, vela pos nosotros a cada hora, mirando su reloj, y recitando este versito:
" De una de dola de tela canela ... "
2 comentarios:
Nunca te escribo, sabes que respeto tu forma de pensar pero ahora si te sacaste un diez, cabron hasta una lagrima me sacaste, que chido es recordarlo asi, pero lo mejor es que chido poder contar algo asi, y que uno estuvo ahi para verlo. Bye.
gracias, lhl. Besos a MZH
Publicar un comentario